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barikoki

Llego la hora de irnos...

Pues eso, me voy, a una mejor vida. No, no me muero, no penséis mal, es algo mucho peor que eso, me emancipo XD Ya he empezado la mudanza, recogiendo todo lo que me queda, para aventurarme en días sin comer al no estar el plato encima de la mesa por la pereza de hacerme algo, por notar por las mañanas esa cama grande, que se hace aun mas grande al no notar a nadie cerca (En casa de mis padres aun estaba mi madre dándome por culo pa que despertara, algo es algo), a esos platos sucios que escuchan un "luego los lavo que ahora toca siesta" y todo lo que conlleva su correspondiente emancipación. Pues eso, en eso estamos.

 

 
 
 
 

 

 

De pesca

Ha pasado tu tren

Mario era una de aquellas personas tímidas por naturaleza, que pensaban que tan solo con dirigirle la palabra a alguien le estaba violando su intimidad. El cojia el tren de las 07:35h para ir a trabajar, se subía en el vagón, pero a diferencia de otras personas que levantaban la vista para buscar asiento, el buscaba otra cosa. Era una chica que se subía dos paradas antes que el, y que por lo que fuere, le gustaba. La chica no era muy guapa, pero tenia algo que le hacia palpitar el corazón cada vez mas rápido. A veces pasaba todo el camino de pie, aun habiendo asientos, por el mero hecho de tener una mejor panorámica de ella, pero intentaba no estar muy cerca, era demasiado para el. A el ni se le pasaba por la cabeza acercarse a ella para darle un poco de conversación, invitarla alguna día a tomar algo y así conocerla mejor, no, el tenia suficiente con verla cada día en el tren. Cuando subía y no la veía, se cambiaba de vagón para buscarla y poder observarla detenidamente durante el viaje, aunque lo hiciera con disimulo ella se daba cuenta. Un día nada mas entrar al vagón se la encontró de frente, sentada justo en los asientos al lado de la puerta, se quedo quieto, paralizado por no tener controlada la situación. Un sudor frío subió por su frente, y cuando pudo moverse, tuvo que sentarse en en el único asiente que estaba junto a el, y que a la vez, estaba delante de ella. Ella fue lista, sabia que el siempre entraba por esa puerta, que es la que siempre queda justo a la salida del túnel de la estación. A ella tampoco le desagradaba el chico, cortado si, pero también tenia "algo" que le atraía. Ella se llamaba Carla, lo ponía en su tarjeta de identificación que llevaba colgada en el cuello, ya que trabajaba en un hospital, y los horarios de los trenes no le daban el tiempo suficiente para cambiarse, entraba justa. Mario sudaba por todos los poros de su piel, era demasiado para el, pero lo peor estaba por llegar. Ella, acerco su mano a el con el 20 Minutos y le dijo:

-Toma, quieres leértelo?

En ese momento se le hizo un nudo en el cerebro a Mario, no pensaba, inmóvil, creía que se moría. Pero llego a contestar con la voz entrecortada por la emoción:

-No gracias, no leo.

A Carla se le escapo una ligera risa, y no es para menos. Cuando Mario pudo recobrar el conocimiento, por decirlo de alguna forma, analizo lo que había dicho y pensó:

"Madre mía, menudo gilipollas, he quedado como un capullo, el subconsciente me ha traicionada de mala manera"

Pero sorprendentemente, quiso con tantas ganas arreglar lo dicho, que levanto la vista, la miro y le dijo, esta vez sin tener la voz entrecortada:

-Gracias por el ofrecimiento, pero si lo leo ahora no tendré nada que hacer en el descanso del trabajo, y me aburriría.

No se lo creia, le dirigio la palabra sin balbucear, sin nervios, sin temblar, con pálpitos, eso si, pero la mar de tranquilo. Una ola de optimismo inundo su cuerpo y se tiraron los últimos 10 minutos del camino hablando. Inimaginable estampa la de esa situación para Mario, no se imaginaba nada igual. Hablaron de sus respectivos trabajos, de sus hobbies, sin llegar a preguntar ninguno de los dos su situación amorosa. Llego el momento de la despedida, el tren paro en la estación en la que se debía bajar Mario. El trabaja de operario en una fabrica de plastico. Se miraron los dos a los ojos y se dieron un simple "nos vemos", ya que sabían que mañana se volverían a ver en el mismo tren, como desde hace un año, dos meses y diecisiete días. Los dos llegaron a sus trabajos con unas caras de quinceañeros enamorados del cantante de grupo de pop del momento. Mario, emocionado al dia siguiente, se dio mas prisa al vestirse para llegar a la estacion, aun sabiendo que por muy pronto que llegue, era el tren de las 07:35h el que haría de testigo en el momento en el que Mario y Carla se volvieran a encontrar, pero esta vez en una situación diferente a la de muchas mañanas. El se había pasado la noche entera pensando de que podía hablar con ella, que temas sacar, y demás detalles que el no tenia muy bien pulidos, al ser una persona demasiado introvertida, para el todo aquello era nuevo. Llego el momento y se escucho el chasquido del tren rozando el duro acero de las vías al frenar. Para el esto era como una final, o todo o nada, o hablaba con ella, o sabia que todo se iba al garete, ella no querría saber nada mas de esta persona, pensaría que la rechazaría. Por fin se abrieron las puertas, se subió, pero mala suerte, no la encontró. Esta vez no disimulaba tanto al mirar a su alrededor a ver si la veía. No se preocupo, aun tenia 8 paradas mas para cuatro vagones que quedan. En la próxima parada abrió rápidamente las puertas y bajo derechito del vagón para montarse en el de al lado. Mucha mala suerte tuvo que pensar que tenia cuando tampoco la encontró en este. Nunca le había pasado algo así, siempre a la segunda oportunidad como mucho la había encontrado. Pero no le disgusto, tendría que estar en el siguiente. Se bajo cuando paro el tren, se subió en el otro, pero no estaba allí tampoco. Empezó a respirar hondo y a creer que no puede ser que haya faltado al trabajo, ella nunca lo hacia. Le habría pasado algo? Se habría cogido el día libre? Demasiados pensamientos le pasaban por su cabeza en un corto periodo de tiempo. Cuando el tren se paro, suspiro fuertemente y pensó que esta era su ultima oportunidad, su ultimo vagón, su ultima esperanza de verla. Abrió la puerta, bajo del vagón y su paso no fue tan rápido como veces anteriores, al subirse, miro de lado a lado exhaustivamente y se agarro a la barra que había en medio del pasillo. Ella tampoco estaba alli... Poco a poco se fue deslizando de la barra como sus lágrimas lo hacían en la piel de su cara. Lloro desconsolado hasta que llego a su parada, sin ánimos ni fuerzas para abrir la puerta y bajarse, otra persona lo hizo por el aun estando el delante de la puerta. Se bajo con los hombros caídos, casi arrastrando los pies sin dejar de llorar hasta su trabajo. El sabia que no volvería a verla, no sabia porque, pero lo sabia. Y efectivamente, pasaron los días, semanas y meses y no apareció. Ahora, despues de casi tres años aun se sigue subiendo al mismo tren, y a pasajero a pasajero, uno por uno, le dice:

No gracias, no leo...

El chico de las fotos

Nada se sabia de aquel chico, cuya mirada estaba detras de una maquina fotográfica plateada, con ligeros toques desgastados en sus teclas, las cuales pulsaba con amargura al ver que cada vez había un estallido provocado por el flash, el no saldría en la foto. Donde estaba el? Mejor dicho, quien es el? Y porque narices nunca salia en las fotos? Según un físico la pregunta tendría fácil solución, el detrás de la cámara y ellos delante, eso también nos lo enseñaron en Barrio Sésamo .Pero que mas da? El estaba detrás, apartado de la foto, y pensando porque no podría ser el quien estuviera al lado de esa chica tan estupenda que le hacia tanta gracia y que le gustaba.

Bueno y que? De que iba a servir?
-De nada... si ya lo se.
No querias estar solo? Pues te jodes.
- Si, ya lo se, pero eso era antes...

Con los ojos enrojecidos por la pantalla del ordenador y un poco de fuerza de voluntad para hacer de pared entre las lagrimas y mi cara, me despido. Buenas noches.

Adios soledad

"Siento que ya llega la hora
que dentro de un momento
te alejarás al fin
quiero que tus ojos me miren
y que siempre recuerdes el amor que te dí"

Gracias Soledad, pero como dice la cancion "todo tiene su fin"